Cerró los ojos, deseando dormir un poco. Le estaban bajando los analgésicos y las heridas empezaban a doler. Estaba pasando peores noches.
Había descubierto que los medicamentos no sólo la ayudaban a calmar su cuerpo, sino también su mente. A la falta de estos, las pesadillas empezaron a inundar sus sueños en las noches.
Y durante el día se encontraba agotada. Por ello, su apariencia no era la mejor cuando la puerta se abrió y uno de los esclavos de la familia Saint Mary anunció la llegada de Semele, actual cabeza de familia.
Su abuela. De entre todas las personas, Aphrodite no estaba preparada para ver a su abuela. Pero, por supuesto que la noticia debió haber llegado a sus oídos. Lo que le sorprendía es que no hubiera estado ya allí antes. Quizás le pudieron ocultar su desaparición, pero no su aparición.
El rostro de la anciana se encontraba incluso más arrugado de lo que la rubia recordaba por el ceño fruncido que tenía. La cúpula con la que protegía su espacio vital parecía incluso más pequeña. Tanto tiempo sin usarla le hizo pensar a Aphrodite cómo hubo una vez que la portaba sin sentir que se ahogase con ella. Pronto la matriarca estaba haciendo un gesto para que todo el mundo saliera de la habitación.
Inmediatamente fue obedecida. Como no podía ser de otra manera. Nadie iba a decir nada. Ni siquiera hicieron ruido al salir. Como mucho, el sonido de la puerta al cerrarse fue lo único que rompió el silencio.
Momentos después, la mujer acortó la distancia con la rubia. Claramente, esta no esperaba ningún gesto por parte de su abuela. Pero tampoco esperaba que lo primero que obtuviera de la mujer fuera un bofetón usando el abanico que portaba. Sintió las varillas de madera arañar su mejilla izquierda mientras caía sobre la cama.
Se quedó sorprendida, inmóvil, antes de escuchar la voz de la mujer.
"¿Para esto querías venir a estas sucias tierras? ¿Para terminar como si fueras una esclava, llena de cicatrices?"
La voz de la mujer sonaba seria mientras veía como Aphrodite se incorporaba con una mano en la mejilla y la mirada perdida. El golpe le había hecho retumbar todo el cuerpo y el dolor se expandía por este.
"Nunca tenía que haberte dejado bajar. ¿Dónde están esos marines que se suponía que tenían que encargarse de ti? Se van a ganar su merecido".
Acompañando a sus palabras había un gesto de mano, golpeando el abanico con la palma libre.
—Muertos...
La voz de la rubia apenas salió de su cuerpo. Era la primera vez que su abuela le ponía la mano encima.
"Me han ahorrado el trabajo. Pero aun así deberían ser más eficientes... Esas cucarachas... Deberían acabar con su vida todos ellos por no haber podido dar contigo. Son todos unos inútiles"
Mientras parloteaba, la mujer no dejaba de moverse de un lado a otro de la habitación. Con sus zapatos pisó los cristales que se encontraban en el suelo.
"Pareces una esclava y vives como una esclava... Sin duda tu estadía aquí sólo te hace más mal que bien. Vas a volver arriba"
—¡No! —Por primera vez Aphrodite se volvió a su abuela para verla.
"Vas a volver arriba. Con un poco de suerte, cuando esas... heridas logren curarse, un poco de maquillaje podrán taparlas para que no des tanto asco a la gente que te vea. Te casaremos con un miembro de una familia menor... Después de tu... problema no podemos permitirnos que defraudes a las ramas centrales de las familias ahora que no puedes tener descendencia"
La forma en la que la miraba era casi como si estuviera viendo una yegua inservible que necesitaba vender antes de que siguiera perdiendo más dinero.
—Pero...
La mirada que le dedicó su abuela la hizo callar.
"Nada de peros. Sólo vas a quedarte aquí hasta que los médicos digan que ya puedes moverte".
Sin esperar ninguna palabra más de su nieta, la mujer salió de la habitación dejando a Aphrodite deseando haberse quedado en aquella cueva. Deseando no haber vuelto con vida.